El gigante asiático padece, hace unos meses, de una calamidad que se generaliza a nivel global y pone en jaque a todos los países. Sin embargo, no es todo, porque de la misma forma que dicha enfermedad afecta la salud de los países, también afecta la salud de la economía planetaria que se venía recuperando de una crisis severa como aquella de las hipotecas subprime.

Leyendo una nota en politicaexterior.com, bajo el titulo Coronavirus o el peso de China en la economía global, se comprende claramente el poderío del país rojo sobre lo ascendente o descendente del crecimiento a nivel planetario.

En la nota se comenta que esta enfermedad reducirá, seguramente, el crecimiento de China en más de un punto porcentual, lo que repercutiría sobre el crecimiento económico mundial, consiguiendo que se retraiga hasta un 0,5%. Esto demuestra el enorme peso que tiene la globalización sobre la economía del planeta y sus interconexiones.

Observando números que asustan, dentro de la misma nota, notamos que la contribución de este gigante asiático a la crecimiento global en 2012, por ejemplo, alcanzo un 58% y un 48% en 2013. Claramente, un peso muy grande sobre la economía mundial, ya que muchos países, fundamentalmente en desarrollo, tienen una gran afluencia comercial con aquel descomunal país consumidor.

Que decir con todo esto. Sabemos que el impacto sobre la salud global de la epidemia es, hasta el momento, grave; en un futuro muy cercano, puede llegar a ser devastadora. Económicamente hablando, puede ser similar.

Pero eso no es todo. Además, el impacto que esto podría provocar sobre la economía es altamente delicado. Ya que se reduce el consumo de china y se contrae su importación (sale a compra menos). Además de una caída en la producción y exportación de sus productos (vende menos). Provocando que las cadenas productivas a nivel global se vean afectadas, y generando una contracción en el crecimiento económico a nivel mundial.

Pero claro, también genera oportunidades para otros países que quieren afianzarse en ser productores globales y que compiten con los bajos precios chinos de sus productos. Donde hay crisis, hay oportunidades.

Otro punto negativo, sin dudas, es que el turismo chino se reduce, lo que complica a las economías locales. En 2019, más de 150 millones de chinos viajaron por el mundo; por tanto, se contrae el transporte a nivel global.

También aquellas economías que tienen una relación comercial acoplada (Japón, Corea del Sur, Singapur, etc.) pueden entrar en recesión, o por lo menos contraer significativamente sus económicas.

Por eso, ahora mejor que nunca para retornar aquel adagio para los Estados Unidos, que afirma que cuando Norteamérica estornuda, el planeta se resfría. En este caso, nada mejor explicado para el gigante asiático:

Cuando China estornuda, el planeta entero se resfría.

Lic. Nicolas Pepicelli

Consultor Economico y Ambiental

walternicolasp@hotmail.com