Hace  diez años, algunos expertos en salud empezaron a estudiar los efectos económicos de una pandemia de gripe similar al COVID- 19. Profesionales de la investigación, se basaron en un modelo macroeconómico que permitía simular impactos en el equilibrio de la economía en su conjunto. Entre ellos, un interesante artículo fue publicado en el Health Economícs por los autores Keogh-Brown en 2009, de la cual se pueden extraer interesantes conclusiones y las principales características del impacto de una pandemia global.

Según los autores: “El actual brote de coronavirus tiene características diferentes a las pandemias más violentas de la historia. En términos de mortalidad, parece estar en un lugar intermedio entre un «caso base» y un «caso grave».

Sin embargo, existen lecciones generales que serán muy relevante para nuestro país si el coronavirus se convierte en una pandemia global, como hasta el momento parece indicar. Vale aclarar que el estudio prevé sus conclusiones en caso de un semestre de contagio. Otra aclaración, es que las consecuencias sobre la economía son secundarias, a las consecuencias para la salud de cualquier pandemia con una tasa de mortalidad significativa como COVID-19.

Aunque la economía importe no hay una compensación significativa entre prevenir muertes y perder un porcentaje del PIB durante menos de la mitad del año.

El impacto menos importante desde un punto de vista económico es la caída de la producción debido a que los trabajadores toman tiempo de paro por enfermedad y cuarentena. Esto es relativamente poco importante,  porque las empresas tienen formas de compensarlo, particularmente si la enfermedad se extiende. Este último impacto «directo» de la pandemia reducirá el PIB en los primeros trimestres en un porcentaje insignificativo.

El número exacto de menor actividad dependerá de la proporción de la población que se enferma, de la tasa de mortalidad y de cuántas personas faltan al trabajo en su intento de no contraer la enfermedad.  El impacto medido en terminos de PIB para todo el año posterior es alrededor del 1% o 2%, en parte porque la producción después de la pandemia es mayor, las empresas reponen las existencias y satisfacen la demanda postergada.

Ahora bien, la anterior situación supone que las escuelas no cierran una vez que se produce la pandemia. Su cierre puede ampliar la reducción de la oferta de trabajo si  trabajadores se ven obligados a tomarse más tiempo para cuidar a sus niños.  Sobre la base estos supuestos, si las escuelas cierran un trimestre eso puede multiplicar los impactos del PIB por el doble. Con todas las escuelas cerradas durante seis meses y muchas personas evitando trabajar cuando no están enfermas, el mayor impacto en simulaciones que se obtuvo por la pérdida del PIB asciende al 5% en un año.

Una lección importante es que la pandemia no es solo una crisis de oferta; también es una crisis de demanda que afecta fuertemente a sectores específicos, dependiendo de cómo se comporten los consumidores. Esto se debe a que gran parte de nuestro consumo hoy es un “consumo social” (hacer cosas que nos ponen en contacto con otras personas, como ir a los eventos, a restaurantes, a partidos de fútbol o viajar).

Si las personas comienzan a preocuparse por contraer la enfermedad lo suficiente como para reducir este consumo social, el impacto económico será más severo que cualquier cantidad mencionada”.  

¿Podría la política monetaria o fiscal compensar la caída del consumo social?

Solo parcialmente, porque la caída del consumo se centra en sectores específicos. Lo importante y de gravedad, es lo que sucedería si los bancos no pudieran proporcionar intermediación financiera para las personas y empresas  que enfrentan una caída brusca de la demanda. Los bancos pueden juzgar que algunas empresas que ya están endeudadas pueden no ser capaz de hacer frente a préstamos de corto plazo, lo que llevaria al cierre de negocios.

Es, a la luz de esto, que estamos viendo en todos los medios el colapso de los mercados bursátiles y algunos –extrabursátiles- en todo el mundo.

En términos macroeconómicos, esto es un shock único, por lo que ante la reacción reciente del mercado de valores puede ser exagerada. Pero si muchas empresas entran en riesgo financiero por la caída temporal del consumo social, implicaria un aumento en el riesgo de tasa, lo que ayuda a explicar aún más el semejante colapso del mercado de valores.

Los Bancos Centrales y los Gobiernos, pueden paliar la situación levemente. Interviniendo sobre bancos con el otorgamiento de flexibilidades a empresas para no entrar en cesación de pagos durante la pandemia. Ahora bien, la economía también influye directamente en los resultados de la salud de la población, además de los impactos de la pandemia propiamente dichos. Para una minoría de trabajadores por cuenta propia no habrá pago por enfermedad, y aquellos sin un colchón financiero, estarán bajo estrés. A razón de esto, una de las preocupaciones en cuanto a propagación de la pandemia es que los trabajadores no podrán darse el lujo de aislarse si tienen la enfermedad. Entonces, otra política gubernamental, sería establecer algo así como un fondo de licencia por enfermedad al que dichos trabajadores podrían solicitar si tienen síntomas de coronavirus.

El gobierno también debe pensar en mantener en funcionamiento los servicios públicos. Si los trabajadores de esos servicios comienzan a enfermarse, tendrian que reemplazarlos temporalmente. De hecho, hay muchas cosas que el gobierno debería hacer para disminuir el impacto económico y en la salud que provoca la pandemia como el COVID-19.

Son estos los momentos donde  necesitamos que los gobiernos actúen rápido y piensen en el futuro. ¿En Argentina, tenemos confianza en que nuestros funcionarios de todos los niveles harán lo que se requiere? Es una pregunta abierta, sin embargo, una importante lección de los especialistas, es que los políticos independientemente de su rango, no tengan esa tendencia o costumbre de ignorar a los expertos como lo realizan en otras áreas.

Por Alexis D. Aguilar
Economista. Prof. UTN FRVM