De acuerdo a una investigación periodistica del Diario La Nacion pero no fuentes oficiales, el nuevo billete de $5000 está muy avanzado: ya se compraron el papel y las tintas -algo en lo que el Estado puso alrededor de nueve millones de dólares-, costará casi $6 por unidad, está terminado su diseño, definidas cuáles son sus medidas de seguridad y el cronograma de entrega.

La primera partida debería estar en manos del organismo que conduce Miguel Pesce a mediados de junio. Luego, el timón de la entidad monetaria definirá si lo pone en la calle. Existe una presión adicional: la pandemia cambió la relación de la gente con el dinero, por lo que el público se refugia en «el físico» y aumentó la demanda. 

Todo comenzó el jueves 16 de abril, cuando el directorio del Banco Central aprobó la creación del nuevo billete de $5000 a través de la resolución 158. Al día siguiente, la entidad le envió instrucciones a Casa de Moneda , una sociedad del Estado a cargo del exgobernador de Mendoza,Rodolfo Gabrielli, para que le pase un presupuesto y ponga en marcha los trámites con vistas a la provisión de los insumos necesarios.

La nota del Banco Central también establecía las características del nuevo billete. Tendrá en el frente las imágenes de Ramón Carrillo, el primer ministro de Salud de Juan Perón, acompañado por Cecilia Grierson, la primera médica argentina. En el reverso se recorta la figura del Instituto Malbrán. 

El Banco Central también especificó las fechas de entrega: deben llegar 20 millones de billetes en junio, 60 millones en julio, la misma cantidad en agosto y otros 60 millones en septiembre. El cronograma dispuesto por la autoridad monetaria inquietó a toda la cadena dedicada a la producción. En la práctica, desde que se piensa el papel hasta que está en la calle suelen pasar seis meses en cualquier lugar del mundo. En la Argentina, ese record lo tiene el de $500, con el Yaguareté, que se aprobó en enero de 2016 y comenzó a circular en junio de ese año. El de $5000 debería achicar esos plazos.

El último 23 de abril, según documentos internos se redactó la resolución 173 del Banco Central. Allí se aprobó la contratación de Casa de Moneda y el encargo de 200.000 millares de billetes. Una suma gigantesca, pero hay que tener en cuenta que el BCRA no tienen necesidad de usarlos todos. De hecho, es común que se reserve un stock de billetes para ciertas ocasiones. El lunes de la semana pasada el Banco Central firmó la conformidad con las pruebas que le entregó Casa de Moneda.

La intención de la entidad monetaria era lanzar la nueva denominación a mitad de año, pero hubo una contraorden política para frenar la puesta en circulación. 

Pese a la negativa de la política, el BCRA siguió con el plan inicial para hacerse un stock del nuevo papel. Junio y fin de año son los meses clave en materia de aprovisionamiento de dinero. La Argentina imprime unos 900 millones de billetes al año, el doble que Chile y poco menos de la mitad en comparación con Brasil.

La cantidad y la nominación de los billetes a imprimir los define el Banco Central con base en complejos análisis de las proyecciones económicas. Es por eso que diversas fuentes consultadas consideran improbable que el Gobierno pueda evitar usar el papel con la nueva denominación cuando se profundice la demanda de dinero. Si cambia la orden política, los nuevos billetes estarán para salir al ruedo.

Por: Pablo Fernández Blanco de La Nación